viernes, 23 de junio de 2006

Mirando al mar desde la Pica del Cuervo

En Berbes hay muchos cuervos. No son animales que resulten muy simpáticos al hombre, fundamentalmente porque no se les puede sacar nada productivo mientras que a ellos parece gustarles sacar cosas productivas de los hombres. Cuando había más terreno cultivado en el pueblo, por todas partes se veían, en los sembrados, espantapájaros caseros hechos de un armazón de cable metálico recubierto de tela negra. Se ponían allí, simulando un cuervo muerto colgado de un palo, porque los espantapájaros tradicionales, que no se mueven con el viento, no funcionan contra los cuervos. Las bolsas del supermercado también pueden funcionar durante unos días, hasta que los cuervos descubren que hacen mucho ruido pero son inofensivas.

La relación entre los cuervos y los humanos es un poco áspera. Cuando los humanos trabajan la tierra, los cuervos se congregan en los árboles a mirarles. Se ponen en las copas más altas y más seguras, y empiezan a charlar animadamente. El sonido que los cuervos hacen al hablar (no al llamarse a distancia, que entonces es el graznido que todos reconocemos) es muy parecido a una risa. A uno le pone muy nervioso, porque sabe que en cuanto se vaya los cuervos se abalanzarán sobre lo que haya sembrado, removerán la tierra y comerán o se llevarán todo lo que puedan. Ahí está trabajando, y mientras los cuervos riéndose de él... o eso interpreta, vamos.

Los humanos pierden los nervios antes que los cuervos y pueden empezar a increparles e intentar espantarles. Esto es un error: los cuervos saben a qué distancia están, y que ellos están arriba y los hombres abajo. No hay, por la conclusión que yo saqué un día de calor, forma de deshacerse de ellos. A mí me daba pena porque las patatas que habíamos trabajado eran nuestras, pero la tarde pasó y cuando nos fuimos los cuervos aún seguían ahí, expectantes.

Con el progresivo envejecimiento de la población de Berbes y el abandono de las tierras de labor, los cuervos dejaron de verse por allí. Cruzan por el aire, van dedicándose a cosas de cuervos (tales como perseguir cuervas) pero ya no paran. Los hombres no les echan de menos; no piensan en ellos y las mujeres, en vez de coser espantapájaros, ven a Rociíto en la televisión.

Esto lo sabemos los que somos de pueblo. La gente de ciudad no conoce a los cuervos.


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Me he acordado de los cuervos al leer un poema en el blog del periodista Javier Esteban. Aunque no aspiro al beneplácito de Bliss, como no he encontrado la forma de enlazar a esa entrada individual reproduzco aquí el poema:

Crow's Fall

When Crow was white he decided the sun was too white.
He decided it glared much too whitely.
He decided to attack it and defeat it.

He got his strength up flush and in full glitter.
He clawed and fluffed his rage up.
He aimed his beak direct at the sun's centre.

He laughed himself to the centre of himself

And attacked.

At his battle cry trees grew suddenly old,
Shadows flattened.

But the sun brightened-
It brightened, and Crow returned charred black.

He opened his mouth but what came out was charred black.

"Up there," he managed,
"Where white is black and black is white, I won."

Ted Hughes


Supongo que esto estará copiado de los mitos de los indios hopi, o algo así. Se hace un retrato del cuervo como un ser envidioso y arrogante que fue castigado por querer eclipsar la blancura absoluta del sol. Quiso atacarle y derrotarle, pero el sol era mucho sol (o zumosol). Aunque no soy del club de fans de los cuervos, no puedo sino deplorar este claro ejemplo de arbitrariedad y manipulación informativa. Seguro que los cuervos son más simpáticos que eso, y seguro que el mundo no está dividido en blanco y negro salvo en las mentes más primarias.

Ya ven, lectores, que la poesía puede servir para muchas cosas aparte de ligar con jovencitas prepúberes como sugería Bliss: por ejemplo, contar historias simbólicas más o menos alejadas de la realidad del mundo y más o menos teñidas de venganza. Qué curioso.

9 comentarios:

Bliss dijo...

Ante esta alusión directa me veo obligada a abandonar momentáneamente las labores propias de mi sexo (si tengo un rato te las enumero luego) para ejercer mi derecho a réplica. Y es que me siento un poco abochornada por lo mal que he transmitido mis sentimientos encontrados hacia la poesía. Para empezar, y aun a riesgo de pecar de snobismo (que como todos sabemos ni es un anglicismo ni se me puede acusar de spanglishmo, que una tiene su corazoncito) diré que cualquier texto en verso en inglés en el original tiene un valor añadido ante mi sentido de la estética poética. Tal vez sea porque en ese idioma carezco de la idea de “cursi” y “soez”, creo que me suena bien hasta “bastard”, o puede que la cursi poesía que tuve que enfrentar en mi época prepúber no era en inglés, así que no llegué a detestarla. Pero es que además tiene una cualidad musical tan bella que me arrastra. Y si además se trata de poesía del periodo romántico entonces ya me puedo morir de gusto. Perdona si me extiendo demasiado, pero necesito justificarme: no soy la talibana poética que hasta ahora parecía. Así que déjame que te copie uno de mis poemas favoritos, “Kubla Khan” de Coleridge, para el recreo de tus sentidos. Lo hago en mi blog para no robarte mucho espacio y así aprovecho para ponerle el fondo musical con el que me gustaría lo leyeses. Para darle más morbo al texto te diré que según palabras del propio Coleridge, la inspiración le vino en un momento de relación íntima con el opio, desafortunadamente interrumpida en diversas ocasiones por lo que no pudo terminar de plasmar su visión.

Con todo esto lo que quiero decirte es que con ese texto me has dado en mi talón de Aquiles. Me ha encantado, sería un cuento infantil precioso. Pero más aún me ha gustado tu narración sobre los cuervos. Haciendo gala de lo que da título a tu blog haces que recupere algo la confianza en el género humano y me demuestres que hay vida inteligente más allá de Rociíto. Tienes razón, ese tipo de cosas sólo las recuerda la gente de pueblo, y es una pena.

Y que no conste en acta, por favor, yo no soy Bliss, tan sólo el pingajo humanoide que ha quedado después del sexo, digooooo, de las labores propias de su sexo (a ver si todavía van a pensar que soy una blandengue sentimental, y ¡hasta ahí podíamos llegar)

Pedro Terán dijo...

Hola Bliss, muchas gracias. Te pongo esto para que sepas que he leído tu respuesta, aunque me marcho inmediatamente a Gijón y el autobús no espera. Por eso no podré leer tu blog hasta el lunes.

Trataré de sacar alguna foto de cuervos en Berbes mañana :)

El poema es muy brillante, hay momentos en los que extrae el 100% de rendimiento a esa flexibilidad del inglés que no existe en el español (como cuando dice simplemente "He managed", para decir eso yo necesito un párrafo entero).

Según la Wikipedia, Hughes vivió de pequeño en un entorno rural y es obvio que participa de esa visión del cuervo como enemigo del hombre en una lucha estéril y erosionadora (para el hombre). Yo ya no veo las cosas así, me parece que los cuervos tienen el mismo derecho a las patatas que nosotros aunque no entiendan por qué las metemos en la tierra en vez de comérnoslas.

Claro que también es verdad que ahora compro las patatas en el supermercado.

El lunes te comento a Coleridge, lo prometo.

Bliss dijo...

Tocas en tu comentario un tema que me encanta: la cualidad de flexible y rígido de los idiomas inglés y español. Mi madre argüía que el español es un idioma más rico que el inglés porque tenemos más palabras y de esta forma podemos expresar de forma más completa nuestro pensamiento. Y en ello creí hasta que descubrí que lo que mi madre tomaba por pobreza en el inglés es en realidad una capacidad de concreción de la que a menudo carece el español, de ahí que sea tan útil como lengua de intercambio en la comunidad científica.
Pero en definitiva de lo que se trata es de la forma en que cada pueblo entiende la vida. Tenía un profesor que hablaba de “lenguas OTAN” y “lenguas NATO”, refiriéndose a la manera en que cada lengua construye la frase, y la diferencia es la que marca su comprensión del mundo.
A mí me encanta su musicalidad, me llama terriblemente la atención su concreción, pero como me encuentro cómoda es usando mi voz pasiva, que tantos problemas nos da al querer usar una lengua sajona, porque es la forma en la que me enseñaron a construir mis frases. Extrapolando con insolencia las cosas, es un poco como la diferencia entre mentes analíticas y mentes sintéticas. Quizás por eso tú te encuentres tan cómodo con el inglés, que se ajusta más a la forma de tu mente, y yo pienso mejor en español pero me fascina el inglés.

Bueno, no sé si he sido capaz de usar en esta ocasión el lenguaje como hubiera deseado, pero lo intenté ;-)

Aunque esto ya lo leerás el lunes, espero que puedas hacer fotos de cuervos, que no tengas un viaje demasiado aburrido (aunque recurras a la observación antropológica) y sobre todo, que vuelvas. Yo recojo dentro de un par de horas a otra gijonesa que pasará el fin de semana solidarizada conmigo en el sudor (¿he mencionado ya que en Madrid HACE MUCHO CALOOOOOR?)

:-*

Sr. R dijo...

Hace, hace, vive Dios.

Pedro Terán dijo...

Así que cómodo con el inglés. Hombre, como parte de mi trabajo es escribir en inglés, no me queda más remedio que defenderme, pero eso es todo.

Concreción: Yo no estoy tan convencido. Está claro que un texto como el de Hughes no puede existir en español, sería "agramatical" y nos parecería palurdo. Es necesario, por la simplicidad gramatical del inglés, que sus piezas admitan encajarse entre sí de formas imposibles en el español. Por otro lado, precisamente al no haber forma de construir las sofisticadas estructuras subordinadas del francés o el español (es sencillamente imposible decir en inglés algo tan simple como "Cuando hube terminado, me fui"), hay que decirlo todo en frases sencillas y esto, junto con la brevedad de sus palabras, facilita encajar estas de formas innovadoras sin que se desenfoque lo que uno quiere decir.

A cambio, en español un párrafo tiene un significado global que no es tanto la suma de sus frases individuales "cada una por su lado" como en el inglés. En español, la lectura que se hace de la última frase de un párrafo viene inducida muy fuertemente por el cómo se han dicho los qués anteriores (por oposición a las múltiples otras formas en que podría haberse dicho lo mismo).

O eso creo yo. Sí que es verdad que, por lo mismo, es más fácil no irse por las ramas en inglés, lo que es útil para los informes científicos.

Musicalidad: Claro, el inglés es un idioma en el que algo como "She loves you yeah yeah yeah" suena bien. Como la mayor parte de las palabras son de una o dos sílabas, se puede jugar mucho con los acentos, las longitudes y las inflexiones. Más aún en el chino, a mí el pop en chino me impresionó mucho (en cambio ellos se dedican a comprar los discos atrasados de los Backstreet Boys, se los venden y ni siquiera saben que son atrasados).

Cuento infantil precioso: Sería infantil y precioso, pero el componente "Aprende a odiar a nuestros enemigos" está ahí, así que no sería talmente un cuento.

(Vale, lo mismo pasa con Caperucita y el lobo, o con los tres cerditos y el lobo, o con los cabritillos y el lobo, pero siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno)

Bliss dijo...

¿Nunca te ha pasado que tienes un embarazo en la familia y de repente no haces más que ver mujeres embarazadas? ¿O que te empieza a interesar el cultivo de alcachofas y en todas los programas de cocina proponen recetas con alcachofas? Pues algo así me está pasando con este blog. Primero el tema de los idiomas, y ahora tu comentario sobre los cuentos.

Este fin de semana he estado hablando con unos amigos de cómo la fábrica Disney se ha venido cargando todos los cuentos infantiles de mi infancia culminándolos en sus adaptaciones cinematográficas con un final feliz. ¿Desde cuándo "La sirenita" tiene un final feliz? Y no tanto por la cuestión de seguir engañando a las pobres mujeres (o mejor dicho "futuras mujeres") de este mundo con que los sueños románticos se hacen realidad. Lo gordo es cambiar el mensaje, la moraleja, la enseñanza moral del cuento original. En este caso se cambia la idea de que debemos aceptarnos como somos, sin pretender cambiar nuestra esencia (con lo que ayudarían a evitar el germen de la anorexia desde el principio), por la de que el amor lo puede todo y tú, pobre mujer enamorada, puedes conseguir a tu príncipe azul si cambias y te adaptas a sus exigencias. No es mi intención hacer un alegato feminista, sino ilustrar el hecho de que los cuentos han sido siempre relatos educativos y la sociedad actual, con su afán proteccionista, prefiere tener a los niños viviendo en burbujas de plástico hasta que llega el momento en que una china (como la del anuncio) se carga el plástico y entra la contaminación sin medida.
En el caso del cuervo, más que "aprende a odiar a nuestros enemigos" (que con el afán automutilador que tenemos los españoles, no nos vendría nada mal empezar a practicarlo) yo creo que el mensaje sería "sé realista e infórmate bien de las consecuencias de tus actos antes de lanzarte a la acción"

¿No crees? ;-)

Y respecto a la musicalidad del inglés, no me refiero tanto a sus posibilidades canoras como al hecho de que la lengua en sí, cuando se trata de poesía, tiene música propia.

Pedro Terán dijo...

>creo que el mensaje sería "sé realista e infórmate bien de las consecuencias de tus actos antes de lanzarte a la acción"

¿No crees? ;-)


Ten en cuenta que con lo que tú estás diciendo esta historia sería intercambiable por la de Ícaro. La diferencia con Ícaro es que el cuervo atacó al sol porque no admitía que brillara "demasiado", y volvió del campo de batalla diciendo que era él quien había vencido "ahí arriba, donde lo blanco es negro y lo negro, blanco". Eso caracteriza de una forma bastante clara la personalidad que se le supone al cuervo.

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Lo de Disney es mejor dejarlo por imposible. Es como las novelas de las que se hace una adaptación al cine y a partir de ahí cada vez que se reedita se usa como portada el cartel de la película o incluso se cambia el título de la novela. Es el mundo al revés, pero es así por una razón y esa razón es más poderosa que tú y yo.

(Otro ejemplo son los dibujos animados de "Rasca y Pica" en Los Simpson, que han terminado conviertiéndose exactamente en lo mismo que pretendían criticar la primera vez que aparecieron)

Bliss dijo...

Sí, supongo que cada cultura intenta matar varios pájaros de un tiro en sus manifiestos. Por eso, aunque la intención del relato en el caso del cuervo sea la misma que en el de Ícaro, los hopis (si seguimos tu suposición respecto al origen) pretenden además dejar clara la ruindad de los cuervos, que son "unos bichos malos" y para mí quedan claramente ridiculizados: si fuera un cuento infantil un niño abuchearía a ese feo cuervo que además miente por salvar su imagen.

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Nunca he entendido cómo Lisa reaccionaba igual que Bart al ver "Rasca y Pica"

Pedro Terán dijo...

A mí también me chocó mucho la primera vez, luego ya acepté las reglas del juego.

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Yo creo que el punto de partida de la historia es explicar por qué el cuervo es totalmente negro, eso es lo que preguntaría el niño. Hay otro componente interesante de la historia: el cuervo está "obligado" a conllevar para siempre el estigma de su fracaso (y eso a pesar que no hizo nada más que seguir su propia naturaleza). Esto indica, por una parte, una completa ausencia del concepto de redención, y por la otra la admisión de que existe lo intrínsecamente equivocado en la naturaleza. Ambas ideas nos resultan muy extrañas desde la perspectiva de la sociedad moderna.

Claro que tampoco podemos entender enteramente la historia sin saber qué consecuencias habría tenido el éxito del cuervo dentro de ese mundo mítico. Es curioso que Hughes plantea como explicación del desencadenante que el cuervo "decidió vencerle". Nosotros diríamos: ya, pero ¿qué iba a hacer después? Aparentemente, o los destinatarios de la historia tenían bien presente qué se hace después de vencer a alguien, o hay un nivel en el que se puede abarcar toda la historia sin tener en cuenta las consecuencias de los hechos. Yo creo que la historia transcurre en un tiempo "atemporal", simbólico, en el que la perspectiva de las cosas podrían haber sido distintas no tiene sentido.

(Ay, menudo rollo patatero)

Ahora diría: El cuervo está obligado a conllevar para siempre en el tiempo normal el estigma de su fracaso.