martes, 12 de febrero de 2008

Dentro de cien años, todos calvos

En la biblioteca de mi barrio, durante toda mi etapa escolar y la de mis hermanos (y no es decir hace muchos años), la principal y más primorosa obra de consulta era la Espasa. La Espasa, con su montón de tomos, ocupaba el lugar central de la sala... y era un poco viejita, pues era la edición original, publicada en 1905-1930.

Una vez mi hermana tuvo que hacer un trabajo en el instituto para el que fotocopió parte de la entrada dedicada al matrimonio. Salvé las copias de la papelera y hoy, ocho años después, ve la luz lo más granado de tan histórico documento.

Hace 100 años, esto es lo que las enciclopedias decían sobre el matrimonio:


El matrimonio, libertando al hombre de la fiebre genésica y del desorden en la satisfacción de la misma (...) favorece las labores intelectuales (...) y de ser cierta la teoría de la transmisión hereditaria del genio (...) el matrimonio de los sabios sería socialmente obligatorio.

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Hasta nuestros tiempos, y de conformidad con los libros revelados, se admitía unánimemente que el matrimonio (..) tal como hoy lo conocemos, había existido desde los pimeros tiempos; pero hace unos cuarenta años, en virtud de algunos hechos observados que se miraron como otras tantas supervivencias de pasadas instituciones (...) utilizando el equívoco estudio de las costumbres de los pueblos salvajes y dando en más de una ocasión rienda suelta á la fantasía, se ha pretendido que el matrimonio es un producto de la evolución, y que no existió desde los primeros tiempos, suponiendo que hubo un estado anterior en el cual predominaba la más absoluta libertad en las relaciones sexuales, ó sea, la promiscuidad, que lleva consigo al matriarcado.

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Así pues, las modernas investigaciones confirman el relato [del Génesis]. Según éste, la primitiva organización de la familia fué la patriarcal, basada en la familia, sociedad natural establecida por Dios en las personas de nuestros primeros padres. La unión de estos fue monógama, pues no existiendo en el mundo más que un hombre y una mujer, no era posible la poligenesia ni la poliandria.

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El error de esta doctrina [que el matrimonio actual es inmoral estar basado en móviles interesados o económicos y sólo el amor hace morales las relaciones sexuales] se encuentra en que (...) el verdadero amor no puede extinguirse á no cambiar los caracteres; si se padeció una equivocación, la voluntad debe suplir al sentimiento, y si la razón es por sí sola impotente para ello, la fe y la religión suministran fuerzas para el combate, y por eso precisamente es de necesidad que el matrimonio tenga carácter religioso.

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Se da el caso de que sean mujeres las que lleguen a defender [el amor libre], lo cual es absurdo desde el momento en que en el régimen del amor libre sería la mujer la que resultaría perjudicada y sacrificada arrebatándosela al amor de su marido.

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El libertismo sexual se basa en el optimismo de creer que el hombre es naturalmente bueno (...) Este optimismo se deriva de la teoría de Rousseau, según la cual el hombre es naturalmente bueno, y la sociedad lo hace malo (...) En contra de esta teoría, las investigaciones científicas modernas han venido á confirmar el originalismo cristiano: la Pedagogía ha demostrado que el niño nace con predisposición al mal y llegaría a él si la educación no reformase semejante inclinación.

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Los filósofos pesimistas, como Schopenhauer (...) y Weininger (...) sostienen que el matrimonio es un mal (...) Tolstoi abunda en las mismas ideas (...) Todas estas docrinas se hayan inspiradas en la misantropía y confunden el matrimonio con el acto carnal; por otra parte, al decir de Grasset (...) Schopenhauer y Tolstoi son semilocos (...) en cuanto a Weininger, se suicidó antes de cumplir los veinticuatro años.

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[Presentan] Augusto Compte [sic], Peladan y otros autores un porvenir en que la mujer llegará á ser madre sin necesidad del concurso del hombre, reproduciéndose, ya por partenogénesis, ya por medio de la fecundación artificial. Vacher de Lapouge habla de ensayos de ésta, si bien distan mucho de ser eficaces, habiendo sido tal procedimiento condenado como inmoral por la Santa Sede en 1897 y rechazado por la Facultad de Medicina de París, después de grande deliberación, así como por los Tribunales de Burdeos, quienes en 1883 lo declararon ilegítimo y peligroso socialmente.

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Uno de los aspectos que presenta la moderna cuestión social es el referente á la cuestión sexual, que tiene tanta ó más importancia que la económica, pues de la satisfacción sexual bien pocos pueden substraerse, y de una mala ó desgraciada expansión del amor se originan desgracias para los individuos y las familias, además de que la corrupción lleva consigo la ruina de los pueblos.

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En los pueblos orientales, como la China y el Japón, la nupcialidad es mucho más numerosa que en Europa, y de ahí proviene precisamente para Europa el llamado peligro amarillo.

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En las grandes ciudades es enorme la cifra de uniones irregulares (...) Esta influencia perniciosa de los grandes centros urbanos se manifiesta más todavía que en la ilegalidad de las uniones sexuales en su inmoralidad y depravación, por la generalización que desde hace algunos años van alcanzando las prácticas anticonceptivas.

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La causa inmediata de la disminución de la nupcialidad se encuentra en el retraimiento del matrimonio por parte del hombre y de la mujer. Los motivos (...) son:

a) Para el hombre. 1ª [sic] la carestía de la vida en los tiempos modernos (...) 2ª el que la mujer no cumple, por lo general en nuestros tiempos, su misión económico-doméstica, á causa de su defectuosa y equivocada educación, que no se dirige á la formación de mujeres caseras; 3ª el trabajo femenino en las clases humildes (...) y el lujo de la mujer en las clases altas (...)

b) El retraimiento de la mujer reconoce como causa principal el movimiento feminista (...) en los Estados Unidos (...) el aumento del feminismo ha producido [entre otros efectos] una disminución en el número (...) de mujeres sanas que pueden soportar la maternidad.

c) Como causa general común a hombres y mujeres (...) está la literatura antigamista, en sus dos manifestaciones de literatura frívola y literatura sensual (...) la segunda, de la que es un derivado la pornografía, fomenta la seducción y el libertinaje y conduce á la prostitución, que aleja á los jóvenes del matrimonio, lleva á los hogares y á la prole enfermedades incurables y vergonzosas, é incapacita moralmente á los hombres para las relaciones conyugales.

En cuanto a los remedios propuestos para fomentar la nupcialidad, pueden clasificarse en coactivos, estimulativos y facilitativos.

a) Los primeros consisten en declarar obligatorio el matrimonio, imponiendo penas á los célibes (...) En nuestros días, si bien no se piensa en declarar el matrimonio legalmente obligatorio, no falta quien sostenga que constituye un deber moral y no deja de recurrirse á imponer á los célibes contribuciones especiales, como se ha hecho en la República Argentina y en Inglaterra, y hasta se ha propuesto en España.

b) Mayor importancia tienen los medios estimulativos, entre los cuales figuran: 1º preferir para los empleos públicos (...) á los casados (...) 2º regular el salario de los obreros y la retribución de los funcionarios atendiendo á las necesidades familiares, y 3º aligerar de los impuestos á los casados (...)

c) Los medios más importantes son, sin duda, los facilitativos de la nupcialidad (...) [Y ellos son:] la enérgica represión de la pornografía (...) medidas contra la seducción (...) medidas contra la prostitución (...) la disminución del número de trámites (...) prohibir, y si esto no es posible, limitar el trabajo de la mujer, reduciéndolo á las jóvenes mayores de dieciséis años y á una duración máxima de ocho horas (...) declarar legal la obligación de alimentar el marido a su familia (...) favorecer la construcción de habitaciones sanas y baratas (...) fomentar aquellas industrias que se proponen el suministro económico de la calefacción, la luz y la ventilación (...) instituciones económico-sociales encaminadas á proteger al obrero contra la miseria (...) dotar á los esposos pobres que lo merezcan (...) reformar la educación doméstica de la mujer en el sentido de hacer de ésta una buena ama de su casa y una inteligente educadora de sus hijos, enseñándola, además de lo que se acostumbra y mucho de lo cual huelga, las necesarias nociones de puericultura, higiene y medicina prácticas, pedagogía, moral, religión y práctica de la contabilidad doméstica (...) sobre todo debe tenerse en cuenta que (...) la equivocación radica en fiarlo todo á la enseñanza de las institutrices y de los colegios, siendo así que la verdadera educación femenina sólo puede adquirirse en el ambiente familiar (...)

[Más adelante se vuelve al tema:] Procede dar á la mujer, además de los conocimientos necesarios para el buen desempeño de las funciones domésticas, cierta cultura general, no igual en todo, ni superior á la que el hombre posee, sino un mínimo de cultura paralelo al que éste ostenta por término medio, y que no merme en lo más mínimo el desenvolvimiento de la feminidad.

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La edad ideal para el matrimonio es cosa discutida (...) Dadas las circunstancias de los tiempos modernos, es muy aceptable la opinión de Bertillón, quien sostiene que la edad ideal para contraer matrimonio es la de veintidós á veinticinco años en el hombre, y los diez y nueve á los veinte en la mujer. Es indiscutible que en nuestra época se contrae el matrimonio en edad atrasada.

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Falta de moralidad en el matrimonio: matrimonios interesados. Es otro de los males que han adquirido alarmantes proporciones en los actuales tiempos, debido principalmente á que los refinamientos de la civilización traen consigo una serie de necesidades reales y ficticias, para satisfacer las cuales es preciso una desahogada posición económica, para obtener la cual se recurre al matrimonio (...) Schwabe cree que debe juzgarse como matrimonio de conveniencia todo aquel en el cual la edad de la mujer supere en cinco años por lo menos á la del marido (...) Sólo en las clases altas y ricas dichos matrimonios [de conveniencia] reconocen por causa el egoísmo, el vicio o la lujuria, no siendo raro el caso de que una mujer generalmente fea, vieja y enferma, busque un macho
[a quien la noche confunda] á cambio de una dote ó de un cubierto en su mesa.

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Los matrimonios interesados producen desastrosos efectos sociales, pues desorganizan la vida familiar, ya que cuando la mujer es rica se alteran los papeles de los esposos, teniendo con frecuencia que abdicar el marido de su autoridad y creyéndose dispensada la mujer de llenar las funciones domésticas.

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En España son mucho menos frecuentes los adulterios que en Francia (...) pero es también sensible el aumento, ya que de 15 causas incoadas en el año de 1895 se ha pasado á 43 en el de 1910. Como si estos hechos fueran poco, se ha iniciado la tendencia a abolir la punibilidad del adulterio.

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En los países latinos, y sobre todo en Francia (...) el aborto provocado, la ovariotomía y, sobre todo, el onanismo conyugal, disimulado con el nombre de prácticas neomalthusianas, causan estragos.

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Algunos autores (...) atribuyen la infecundidad voluntaria al deseo de conservar el patrimonio familiar (...) Molinari la halla [la explicación] en el aumento de coste de los gastos de conservación y educación de los hijos y en la dificultad creciente de encontrar para éstos un empleo que les dé para vivir sin decaer del rango social; mas esta explicación tampoco es completa, pues el mal también se observa en el proletariado, en el cual los gastos que ocasionan los niños son poco costosos y no existe el temor de que desciendan de posición, además de que los niños comienzan á ganar su subsistencia á los diez ú once años (...) Mayor valor tiene la explicación sociológica (...) según la cual es la civilización la que disminuye por diversos motivos la fecundidad y el deseo de producirse; pero esto no debe entenderse de la civilización en general sino de la civilización moderna, en la que actúan como factores del mal el feminismo, las ideas democráticas (...) el amoralismo (...) y sobre todo la irreligión, especialmente el abandono de la religión y moral católica, habiéndose observado en todas partes que la fecundidad de los matrimonios está en razón directa de los sentimientos religiosos y católicos.

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[Y la entrada concluye como sigue:] Como remedio general á todos los males que hoy padece la institución del matrimonio, puede preconizarse el de frecuentes conferencias dadas por personas sabias y prudentes, en especial por eclesiásticos y por la Iglesia, aprovechando ciertas épocas de carácter religioso, como la Cuaresma, para exponer á los jóvenes y las jóvenes en edad de casarse, el verdadero concepto y los fines del matrimonio y las obligaciones que éste lleva consigo, desarraigando así la equivocada idea que se tiene acerca del mismo.

5 comentarios:

Pedro Terán dijo...

Pues nada, que tire la primera piedra el que nunca le hayan hecho una práctica neomalthusiana.

Anónimo dijo...

Ya sabes, Mister P, a predicar con el ejemplo.
!Si es que lo has puesto a huevo¡

Unknown dijo...

Preconizando el matrimonio entre sabios (pongamos por ejemplo, entre Eduardo Punset e Iker Jiménez) no entiendo que luego digan que las prácticas neomalthusianas causen estragos, si no les dan otra opción a los pobrecillos, tch, tch, tch...

Un texto memorable por otra parte, Dr. Terán.

Blas Femen dijo...

No sé de qué matrimonio y familia hablan los católicos, cuando ellos mismos fomentan la homosexualidad al imponer a sus religios@s la convivencia con personas de su mismo sexo (conventos y monasterios).

Además de ir contra el matrimonio al imponer al clero el celibato obligatorio.

Además son los que promueven la injusticia al prohibir la ruptura de las familias e imponiendo cuantiosos costes morales a las personas que sufren las consecuencias del alcoholismo y la violencia del macho dominante en la familia.

Anónimo dijo...

No hace falta exagerar, hombre. Que yo sepa el catolicismo no es obligatorio en ningun lugar del mundo ni sus normas son leyes inmutables en ningun pais. Por eso mismo el que las normas sean de tal o cual manera no implica absolutamente nada. Si quieres ser cristiano y casarte, te puedes meter a protestante. Nadie te va a lapidar ni a declararte persona non grata por ello. Otra cosa bien distinta seria que la religion fuese obligatoria....