martes, 27 de febrero de 2007

Cuatro (V)

Uno de los tipos de canción que desgraciadamente (para mi gusto) no abunda fuera de la estantería de "heavy metal" es el himno. No sé si habré hecho una selección razonable ya que, con el intento de poner música accesible, hay que intuir más que ver la diferencia con la power ballad, otro tipo bastante característico.


1. Manowar (2002). Swords in the wind. Uno de los temas más recurridos en esto de los himnos metálicos es la exaltación, por alguna razón, del espíritu guerrero. He aquí el prototipo de grupo que ha construido una carrera sobre ese tema, aunque luego seguro que desayunan tostadas con mantequilla.
Hablando en serio, Manowar son famosos por leyendas urbanas como haber tenido el record Guinness al máximo de decibelios en directo, o pagar todos los gastos a cada periodista que seguía la gira mientras aguantara acostándose con tres groupies cada noche. Ah, se me olvidaba rajarse los brazos con un cuchillo para unas fotos promocionales. Vamos: muy machos.

2. Dragonforce (2006). Trail of broken tears. Un medio tiempo muy melódico y agradable de un grupo multinacional (con miembros del Reino Unido, Hong Kong, Sudáfrica, Ucrania y Francia, ahí queda eso) que cuenta con un guitarrista excepcionalmente rápido, Herman Li. Algo que apenas se intuye en el solo de esta canción (que sí, de verdad que apenas se intuye).

3. The Flower Kings (2000). A kings prayer. Este es un grupo sueco de rock progresivo con muy buenos músicos, formado en torno al guitarrista Roine Stolt. Stolt también canta, y aunque no es un cantante "profesional", en esta y otras ocasiones lo compensa sobradamente con la emoción y convicción que le pone.

4. Timo Tolkki (2002). Key to the universe.
Si vas a dar un concierto y montas un circo mediático diciendo que ibas por la calle y un fan te ha asaltado y herido con un cuchillo, por mucho que sea en Granada (la mala follá y eso) nadie te va a creer: esta fue una de las últimas cosas que el guitarrista finlandés aprendió antes (o después) de perder el control tanto de su mente como del exitoso barco empresarial que era la banda Stratovarius, la mayor parte de cuyos miembros se marcharon bastante hartos cuando estaba pendiente la grabación de un disco por el que ya se había cobrado un anticipo de un millón de euros. El ambiente en el grupo no era el mejor, como atestigua el insólito episodio protagonizado en un concierto por el gran teclista Jens Johansson, meando a Tolkki en una pierna mientras este tocaba un solo y no se podía escapar. Total, que Tolkki repartió el millón de euros con ellos, enroló nuevos miembros incluyendo a una cantante desconocida cuyo mayor mérito era haber sido gimnasta olímpica o algo así, echó a algunos de los nuevos miembros y anunció más nuevos miembros con los que no había hablado. Cuando aparecieron en la web del grupo unas fotos promocionales bastante desagradables con la nueva vocalista manchada de sangre (que resultó ser de pollo, creo recordar), la discográfica dijo: devuélvenos nuestro millón de euros. Pero, claro, él ya no lo tenía.
En cualquier caso, durante el periodo de apogeo de Stratovarius, Tolkki consiguió que la discográfica publicara su segundo disco en solitario; y digo "consiguió" porque parte del material que contiene, con voces del propio Tolkki, es sencillamente horrendo (como la canción Father, a ver quién es el guapo que se le baja y aguanta un minuto). No obstante, este luminoso himno, donde destaca la voz de Michael Kiske (ex Helloween), está muy majo, aunque la desnudez pop de la canción hace que decaiga rápidamente a partir del "We are confused / We are scared".

1 comentario:

Bliss dijo...

La de The Flower Kings ya la conocía, no está mal y aunque todas son bastante "escuchables" la que más me gusta es la de los del culebrón Tolkki, quizá por ser la más "popera" (qué se le va a hacer).

Lo que no entiendo bien es tu comentario sobre la escasez del tema "himnos" fuera del campo Heavy.