miércoles, 6 de enero de 2010

Reseña: Más allá de las imposturas intelectuales, de A. Sokal

Pues yo no sabía que existía este libro, el otro día lo vi y, previa entrega de unos papeles de colores -vales o algo así-, me lo dieron para que me lo llevara a mi casa con toda libertad. Qué gran avance en la creación de riqueza: das un papel rectangular azul y otro gris, y te haces con un volumen de casi 600 páginas, del que puedes recortar cientos y cientos de papeles esencialmente idénticos a los entregados.

Conviene explicar la genealogía del libro. En 1996, el amigo Alan Sokal envió a una revista de estudios sociales un artículo, ya famoso, titulado Transgredir fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica. No hace falta que diga, a la vista de las carcajadas que provoca el título, que el artículo era de principio a fin una farsa y un cúmulo de sinsentidos (como relacionar el axioma de elección con los movimientos abortistas, o proclamar de algo que es "no lineal, y por tanto no conmutativo").

La naturaleza de estas absurdeces era tal que cualquiera que se informase mínimamente sobre el significado de los términos utilizados habría de ver que eso no había por dónde cogerlo. Sokal entretejió este material cómico con abundantes citas y alabanzas a intelectuales cercanos a la línea editorial y a los propios responsables de la revista. Su apuesta era que estos aceptarían un texto que en la superficie se mostraba claramente favorable a su ideología intelectual pese a que su contenido no tuviera el más mínimo sentido, y eso fue lo que ocurrió. Acto seguido, Sokal desveló la broma, formándose algún revuelo en medios académicos marginales como el New York Times, Le Monde, etc.

Al cabo, Sokal y Jean Bricmont escribieron el libro Imposturas intelectuales (publicado primero en Francia y luego traducido en Estados Unidos como Fashionable nonsense). En él inciden directamente en lo que podríamos llamar la "tesis cínica" que no era obvia en la broma: es decir, que más allá de la falta de elemental rigor exhibida por la revista, las citas de presuntos grandes intelectuales de la segunda mitad de siglo XX habían sido escogidas cuidadosamente para ser tan absurdas y denunciables como las del propio artículo. Por tanto, que si las insensateces en el artículo habían pasado inadvertidas era porque las "grandes figuras" decían insensateces iguales, peores o indistinguibles al invocar en su discurso conceptos físico-matemáticos. Que, sí, Sokal se la había metido doblada, pero sólo porque los Lacan, Latour, Deleuze, Baudrillard, etc. llevaban décadas metiéndosela igual de doblada.

Aquí ya se armó la de Dios es Cristo y se habló de todo excepto de si la "tesis cínica" era verdad o no. También se escribió un libro colectivo para "abogar por la reconciliación entre filósofos y físicos" y por tanto acertadamente llamado Imposturas científicas. Ese libro contiene, junto a una exigua minoría de textos válidos como los de Régis Debray y David Mermin, algunas de las pseudoargumentaciones más delirantes que yo haya leído nunca.

Finalmente, no hace mucho se publicó en España A la sombra de la Ilustración, escrito a modo de diálogo (las más de las veces para besugos) entre Bricmont y Debray, en el que ambos ponen buena voluntad pero aún les faltan años de conversación para llegar a entenderse.

Tras este resumen entenderán que el nuevo libro de Sokal se titule Más allá de las imposturas intelectuales, pues es la única forma de seguir capitalizando la fama mediática conseguida por los enfrentamientos anteriores mientras verbalmente se promete lo contrario, es decir, ir "más allá". Pero, de hecho, no es Sokal quien se está aprovechando sino su editor español, Paidós, ya que el título original se traduciría como "Más allá de la broma". Mientras "Más allá de las imposturas intelectuales" promete al lector un material como mínimo "A este lado de las imposturas científicas", el cual brilla por su ausencia, el original describe exactamente lo que sí encontramos en el libro.

El punto de partida es la famosa broma. Tenemos, como entrante, una versión anotada del artículo paródico, explicando todos los chistes en 142 notas, muchas de ellas notas a las notas a pie de página del artículo original. La mayor parte de los lectores del blog, siendo físicos o matemáticos, no necesitan esas anotaciones; en cualquier caso, con algo de sentido común, quien vea a simple vista que el título es ridículo puede manejarse sin notas.

Una parte importante del contenido del libro es material colateral a Imposturas intelectuales, que además puede leerse gratis, en versiones muy similares, en la web de Sokal, donde, además, hay una vasta colección de réplicas y contrarréplicas pertenecientes a todas las fases del conflicto. Por tanto, qué duda cabe que me ha fastidiado deshacerme de tontos vales de colores para encontrar, desorientado por un editor con pocos escrúpulos, que más de un tercio del libro ya lo había leído gratis anteriormente.

Hay que notar que el libro no está hilvanado en capítulos sino que se presenta como sucesión de artículos que no se han adaptado para su publicación conjunta, por lo que hay múltiples redundancias y otros defectos. Es preferible leer los textos gratis en su versión original en la web del autor, donde además encontraremos más material que puede ser de nuestro interés.

La primera parte del libro o colección de ensayos vagamente relacionados se titula El asunto de Social Text; la segunda, Ciencia y filosofía, y presenta dos artículos de Sokal y Bricmont, al menos uno de los cuales está gratis en la web de Sokal y que se sitúan en la línea de la filosofía de la ciencia defendida en Imposturas intelectuales (por tanto, bien podría Paidós haber titulado el libro Más acá de las imposturas intelectuales).

El valor, como filósofos de la ciencia, de Sokal y Bricmont es escaso. De entrada, considero un fracaso que acabaran abocados a presentar y defender una filosofía de la ciencia. Si Fulanito y Menganito entran en un bar pidiendo explicaciones de "quién ha rayado el capó de mi coche" e, inverosímilmente, acaban siendo intimidados para dar explicaciones ellos, es obvio que han fracasado. Los criticados han logrado escabullirse de justificar su apropiación y deplorable uso del discurso científico, mientras que los críticos han acabado montando una explicación filosófica de la posición desde la que hacen su crítica, lo que permite a los criticados desentenderse del debate para criticar legítimamente la validez de una filosofía que no tiene nada que ver con lo que se estaba criticando.

Sokal y Bricmont llaman a su filosofía "realismo científico cognitivo modesto", ya digo que en qué consiste se puede leer gratis; y hacen una lectura de la filosofía de la ciencia del siglo XX al estilo "cuento para niños" en la que Feyerabend es algo así como hijo del fracaso de Popper. Popper fracasó por no entender cuatro obviedades que Sokal y Bricmont tienen la amabilidad de explicarnos en dos patadas, Kuhn ya es un retroceso o degeneración a partir del fracaso de Popper, y Feyerabend la primera cumbre (o sima) de un movimiento anticientífico. Que no digo yo que no fuera así, yo qué sé que no sé nada de esto.

Un ejemplo del descuido de los detalles es el siguiente fragmento (pág. 242): Cuando una teoría resiste con éxito un intento de falsación, el científico considerará, naturalmente, que la teoría se confirma parcialmente y le concederá una verosimilitud o una probabilidad subjetiva más alta. ("naturalmente" dicen, ¿dónde están esos científicos que apuntan en una hoja la probabilidad subjetiva que asignan a las teorías, y la van modificando por sucesivas aplicaciones del teorema de Bayes?) ... Pero Popper no tuvo en cuenta nada de eso; durante toda su vida se opuso testarudamente a cualquier idea de "confirmación" de la teoría, incluso a la de "probabilidad".

Aquí se sugiere que Popper descuidó la relación entre la probabilidad y la práctica científica, lo cual es completamente falso. Popper propuso la interpretación de la "propensión" según la que la probabilidad de un suceso es una medida de su propensión a ocurrir, y también propuso su propia axiomática de la probabilidad, incluyendo un punto de vista axiomático de la probabilidad condicionada que contrasta con el enfoque de Kolmogorov (en el que la probabilidad condicionada no es un concepto primitivo).

Que ese párrafo iba a traer problemas ya se veía nada más leerlo. El amigo Sokal debería ser consciente de que hay gente que se compra su libro y luego van llamando a Lakatos "irracionalista popperiano" (!!) y argumentando por autoridad que "Sokal en su libro dice esto" y "Sokal en su libro dice aquello".

El párrafo de la probabilidad viene con una nota al pie que nos da una idea cierta del grado de claridad mental alcanzado: "Nótese que Popper considera una teoría "corroborada" cuando pasa con éxito exámenes de falsación, pero el significado de la palabra no está claro: no puede ser un simple sinónimo de "confirmada", puesto que, en ese caso, toda la crítica popperiana a la inducción sería vana". Y es que... qué gran misterio que Carnap hablara de "grado de confirmación" y Popper de "grado de corroboración": ¿por qué les daría por no usar la misma palabra?

La tercera parte, "Ciencia y cultura", consta de nuevo de dos textos, con diferencia los más largos del libro. El primero, Pseudociencia y posmodernismo: ¿antagonistas o compañeros de viaje?, siendo, a nivel argumentativo, bastante o muy débil (¿qué es ser un "compañero de viaje" y qué consecuencias se derivan de ello?), contiene parte del material más interesante del libro (para quien ya conociera el estado de la cuestión, al menos).

Por un lado, documenta la escalofriante penetración de prácticas y concepciones absurdas como el "toque terapéutico" y la "ciencia de los seres humanos unitarios" en el mundo de la enfermería estadounidense. Es como la eco-bola, pero en vez de usarla para lavar sin detergente, la usamos para "curar" gente en un hospital.

Por otro, siguiendo a Meera Nanda, denuncia el uso de conceptos de los "estudios poscoloniales" para promover una delirante "ciencia védica" en la India; movimiento que responde, cómo no, a una agenda política.

El libro concluye con un aburridísimo Religión, política y supervivencia excesivamente local (personalmente no soy capaz de entender la diferencia en la política estadounidense entre un conservador y un liberal, o entre un demócrata y un republicano). En él se discute lo que el "nosotros" político de Sokal debería hacer. Ese "nosotros" piensa que el Papa es el "líder de un culto pseudocientífico" (que lo será o no, yo qué sé) pero que es importante abrir los brazos y sonreír para no asustar a los "religiosos moderados" que hacen de contrapeso mundial de los fanáticos religiosos.

Si alguien ha llegado hasta este punto, resumamos.

¿Merece la pena dar vales de colores por este libro? No. Sokal es una persona cualquiera que un día se encontró con un altavoz mediático y tiene manifestaciones políticas que hacer, y por tanto no piensa soltarlo.

¿Merece la pena buscarlo para leerlo gratis? No. El contenido es heterogéneo, de desigual interés y puede leerse independientemente. Es mejor echar un ojo al índice y seleccionar por temas. También es mejor pasarse por la web de Sokal (sabiendo inglés).

¿Es educativo para <18? Sería preferible que nuestros <18 se alimentaran de cosas más nutritivas. Además, las incursiones filosóficas son técnicas y de escaso significado para un <18. Siempre será mejor darle, por ejemplo, las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein, por decir algo.

En resumen: Una lectura muy entretenida para el invierno.

6 comentarios:

Topo Universitario dijo...

Un largo comentario en el que venía a darte la razón se ha perdido por el cibermundo. Cachis.

Resumiendo: yo soy otro que se siente engañado por haberme dejado papelitos en este libro.

Angel dijo...

Yo voy por la mitad y mi impresión es la misma: más de lo mismo, una secuela que aprovecha el éxito de sus precedentes. Lo paso bien, no lo voy a negar, pero no saco mucho más en claro.
¿Papelitos? Bah, se nota que sois pobres :-)

Leónidas dijo...

Mira este enlace:
http://weblogs.madrimasd.org/universo/archive/2008/09/14/100874.aspx

Leónidas dijo...

Y este enlace también es interesante:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/revistas/cientificas/espanolas/fraude/bibliometrico/elpepusoc/20090911elpepusoc_7/Tes

Pedro Terán dijo...

Topo: Lástima, me habría gustado leerlo. Pero es que da una pereza repetir lo que a uno le ha costado un rato escribir...

Ángel: Fíjate si somos pobres, que yo tuve que pedir dinero prestado para llevármelo.

Leónidas: Gracias por los enlaces, ¿qué tal en Badajoz?

Luis Enrique Alvizuri dijo...

1. Pues todo apunta a lo mismo: reforzar el dominio de la concepción anglosajona del mundo que se sustenta en la fuerza de la ciencia.

2. Para ellos el posmodernismo es insostenible puesto que están viviendo en su máximo apogeo científico, y a la ciencia la han convertido en sinónimo de verdad absoluta.

3. Esto no se puede soslayar puesto que el dominio militar que se ejerce el mundo anglosajón está basado en los éxitos de la ciencia; dudar de ella o permitir que otros duden es dar pie a subvertir la autoridad máxima que da el conocimiento... y el conocimiento es poder.

4. Ciencia es, para Estados Unidos principalmente, poder, verdad y dominio; ello no se puede cuestionar. La mirada europea actual es una mirada fracasada, del derrotado e incapaz de levantarse y que apela al recurso del suicidio. La intelectualidad europea "suicida" la occidentalidad y la racionalidad y eso el imperio no lo puede permitir.

5. El apego enfermizo de Sokal y compañía tiene un nombre en filosofía: cientificismo, el reemplazo de la verdad metafísica (la única forma de verdad posible) por la verdad científica (que no es verdad sino solo comprobación experimental). Han confundido dos cosas imposibles de mezclar y, para el lego, tanto la filosofía como la ciencia pretenden ser "verdad".

6. Pero lo cierto es que solo la religión puede hablar de "verdad", puesto que ello es inherente a su esencia (como "emoción" lo sería a amor); ni la ciencia ni la filosofía jamás se han propuesto ser sus representantes. Solo gente fanática como estos autores y otros cientificistas plantean el debate en esos términos.

7. A todas luces este tipo de publicaciones seudo filosóficas lo único que buscan es desprestigiar la crítica a los paradigmas y establecer el absolutismo de la "verdad" contemporánea basada en la ciencia experimental. Se burlan de aquellos que le encuentran al racionalismo, al liberalismo y al capitalismo sustentos falsos o, por lo menos, cuestionables.

8. A no dudar que quienes más aplauden y se alegran son los que detentan el dominio de la ciencia mundial (la misteriosa "Comunidad Científica") cuyos adalides son las revistas científicas norteamericanas, las cuales se libran así de "incómodos" cuestionadores de su poder absoluto sobre la "verdad del mundo y de la naturaleza". Se trata de aristotélicos que combaten a los terroristas del pensamiento que atentan contra el orden establecido.

9. No hay duda que la política en esto se muestra en su faceta más descarnada: la lucha por el poder y la perpetuidad del conocimiento en manos del dominante es lo que está en juego. La ciencia, prisionera hoy de las grandes transnacionales, es intocable e inmarcesible; es sagrada. De ser una operatividad se ha convertido en una entelequia para adorar. Y sus defensores, como Sokal, son los inquisidores que se encargan de echar a la hoguera a todos los "herejes" que cuestionen la "vaca sagrada" que es esta ciencia experimental contemporánea, cuya única función es afirmar que el único mundo posible es aquel que la modernidad ha creado. Cualquier otra opción es “impostura” o subversión.

Muchas gracias.