lunes, 16 de enero de 2006

Surcando el cada vez más proceloso mar de spam

Estoy sufriendo una invasión de spam verdaderamente spamtosa, por caer en el tópico. Este fin de semana han llegado aproximadamente entre 40 y 50 mensajes de spam, lo cual parece excesivo teniendo el filtro anti-spam activado.

Se supone que yo debería enviar una copia de cada mensaje recibido para que afinen el filtro; pero me parece que, mientras no inventen una forma de enviarlos en carretillas, poca gente va a hacerles algún caso.

Lo más gracioso es cuando uno visita a un amigo y consulta el correo en su casa. Pregunta invariable: ¿A ti, por qué te envían publicidad de alargamiento de pene? Es difícil decir algo que no pueda ser contestado con un Pues es raro, ¿eh?, porque yo también recibo spam y a mí no me envían esos mensajes. ¿Qué tipo de páginas visitas?

Y póngase uno que, claro, es que tú no trabajas en una institución pública y no tienes tu dirección de correo electrónico publicada en su web; y tampoco escribes artículos cuyos datos (incluyendo la dirección de correo electrónico del autor) se indexan en bases de datos públicas. Esa es la desventaja de los que tenemos nuestra dirección expuesta a quien desee conocerla.

Y la mayoría de los que desean conocerla, es por lo mismo. Consecuencia de lo cual es la multiplicación (como si de panes o peces se tratara) de filántropos altruistas interesados en alargarle a uno el pene, venderle informática a precio de risa, phisharle, etc. etc.

De hecho, tengo una cuenta en hotmail que uso siempre que necesito dar una dirección en internet. Allí recibo muchísimo menos spam, qué cosas. A lo mejor habría que hacer las cosas al revés.

2 comentarios:

Sr. R dijo...

Yo estoy empezando a hacer las cosas al revés. Sin ir más lejos, hoy mismo tenía 18 mensajes en mi cuenta "oficial" y todos ellos eran spam; mientras que en mi cuenta de gmail había 4 y todos ellos eran de gente conocida.

Pedro Terán dijo...

Además el mayor generador del spam que recibo es la Universidad de Zaragoza. Todos los días por lo menos cuatro o cinco correos que a algún espabilado se le ha ocurrido enviar a todo el mundo. Y eso que la lista que nos incluye a todos está moderada.